Llevaba tiempo en el aire, y ya se ha hecho oficial. El primer fondo europeo que invierte explícitamente en armamento ha sido autorizado para ser clasificado como «sostenible«. Armas sostenibles. ¿Cómo es posible? Desde hace varios meses, el rearme ocupa el centro de la agenda europea. Quizá sea la única prioridad, junto con la omnipresente competitividad. Los esfuerzos de las instituciones se han estado centrando en cómo canalizar una cantidad creciente de capital hacia la industria armamentística. Un esfuerzo que implica tanto a la financiación pública – con el plan ReArm Europe, de cientos de miles de millones de euros – como a la privada.
En este contexto, se está trabajando en la directiva Saving and Investment Union, un conjunto de medidas destinadas a desarrollar el mercado financiero europeo. Entre sus prioridades figura la de canalizar los diez billones de euros que los ciudadanos europeos mantienen en sus cuentas bancarias hacia inversiones financieras. En qué empresas y sectores parece evidente, dado el actual clima de militarización.
Pero no basta con promover normativas que permitan que el dinero de nuestras cuentas corrientes acabe en armas: toda fuente de recursos disponible debe ser utilizada, incluso aquellas que expresamente piden que no se haga. Así, desde el año pasado se oyen voces —primero tímidas, luego cada vez más explícitas— que señalan que también las armas, o mejor dicho, “el sector de la defensa”, pueden considerarse una inversión sostenible. Se abren paso eslóganes como “no hay sostenibilidad sin seguridad” y se apunta que, si se toman al pie de la letra las definiciones y normativas europeas sobre finanzas sostenibles, no existe ninguna prohibición explícita de incluir las armas.
Fuente: Valorsocial



