Los superricos del mundo con fortunas superiores a los mil millones están construyendo un poder que crece de forma desmedida.
Estos no son simples empresarios. Son los “nuevos amos del mundo”.
Los milmillonarios están construyendo un poder absoluto. Su riqueza compra política, medios, redes sociales, libertades y democracias. Deciden quién tiene voz y quién no. Y son decisiones que afectan a nuestras vidas.
Mientras, millones de personas cada vez tienen más dificultades para llegar a fin de mes y para acceder a una vivienda digna y asequible, limitando los sueños y proyectos de varias generaciones. Y en todo el mundo, muchas personas y comunidades están viendo limitados sus derechos y sus libertades. Son los intereses de unos pocos frente a las necesidades de una mayoría.
La desigualdad no es accidental: es una decisión política, diseñada para proteger los intereses de los superricos y perpetuar su control. Pero esto es evitable. Se puede frenar y se pueden poner límites.



